SOBRE EL LIBRE ALBEDRÌO


La mayoría de las consultas que recibo, por no decir casi todas, son sobre los temas típicos: Salud, dinero y amor, y está bien que sea así porque son los temas vitales, los temas que son la base de nuestra vida de comunes mortales. Por su parte el Consultante viene con sus propias expectativas, o dicho más claramente, quiere escuchar lo que desea: todo va a estar bien, él la ama, el negocio va a ser un éxito rotundo, etc. etc.

Pero lamentablemente, a veces la vida tiene otros planes y  la tirada no dice lo que el Consultante quiere oír, aunque con seguridad lo orienta sobre el rumbo que está tomando el tema que lo trae, y cuáles son sus posibles alternativas. Lo cual implica asumir la responsabilidad por su vida y su “destino”. Aunque el Consultante llegue  con una carga emocional importante y a veces muy fuerte, la función del tarotista no es conformar a la gente con mentiras piadosas, sino ayudarla a mirar de frente la realidad que se le presenta y las energías que se quieren manifestar, y hacerlo de la manera más amorosa y contenedora posible.

Y aquí entra en juego un tema eterno, motivo de interminables y nunca resueltas controversias: el libre albedrío. ¿Lo que “dicen” las Cartas se hará realidad indefectiblemente, o el consultante cuenta con su libre albedrío para cambiarla? Acá es cuando creo que hay que separar la paja del trigo, y para aclarar, nada mejor que un ejemplo. Supongamos que las Cartas le anuncian a alguien que se aproxima un gran cambio en su vida y que debe tomar una decisión. Para la mayoría de la gente estas no son buenas noticias; la mayoría tememos al cambio y decidir sobre cualquier cosa casi siempre provoca angustia e incertidumbre.   Entonces es el momento de usar el libre albedrío  -que no significa arbitrariedad ni libertad indiscriminada-  para decidir cómo encarar esta situación: por las buenas o por las malas. Porque la energía se quiere manifestar y lo hará de todas maneras, por lo cual lo más inteligente entonces, seria “montarse en la ola” de esta energía de cambio para usarla a nuestro favor, en lugar de resistirse.

Y para concluir, les dejo estas hermosas palabras de Elías Díaz Molins que a mi parecer lo aclaran todo: “Nuestro libre albedrío es comparable al de las flores, que en comunión con el Todo, escogen florecer en primavera”.


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